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El rol de psicoterapeuta

Marzo 8, 2020

Factores que intervienen en la elección del trabajo de psicoterapeuta

psicólogo en piura
Rol del Psicoterapeuta


James D. Guy en su obra La vida personal del psicoterapeuta. El impacto de la práctica clínica en las emociones y vivencias el terapeuta. Menciona los factores que intervienen en la elección de trabajo del psicoterapeuta.


La sociedad reserva un lugar de honor especial para sus “curanderos”. Como Henry (1966) señala, esos individuos siempre han sido tratados como personas privilegiadas, a las que se les concede un acceso legítimo a lo oculto y a lo misterioso. Dado que utilizan “herramientas” de curación que son más internas externas, más privadas que públicas, excluidas del examen ajeno. Las “curas” obtenidas dependen más a menudo de la fe y las creencias que del evidencia por la lógica. Es una profesión rodeada de un halo místico, que despierta la vez el respeto y el temor del profano. Más que como una profesión deseable, se considera una “vocación” que procura grandes recompensas, como riquezas y prestigio, a un alto precio personal.

Se mide la competencia los curanderos y chamanes por la intensidad de sus propias heridas personales (Goldeberg, 1986). Se cree que sus dolores privados les otorgan mayor comprensión y percepción de las aficiones ajenas, mientras que la supervivencia la victoria sobre sus males les otorgue un gran poder y autoridad sobre los de los demás. El estereotipo del “curandero herido” posee un atractivo universal. Son dignos de una confianza y respeto casi incuestionable. Según Bugental (1964), en todas las épocas los seres humanos han acudido a los chamanes en busca de ayuda en el conflicto con los aspectos desconocidos de la vida. Invariablemente, acuden a personas investidas de una visión y fuerza mental sobrenatural. Se considera que estos individuos desempeñan un papel que es alternativamente bendecido y maldito, pero por encima de todo necesario.

Se considera a menudo que el psicoterapeuta es el último descendiente de un largo linaje de curanderos, que podemos rastrear hasta tiempos prehistóricos (Bugental, 1964). Estos orígenes incluyen al médico brujo, el mago, el sacerdote y el médico de la familia. A estas personas se les ha atribuido tradicionalmente la tarea de aliviar los sufrimientos tanto individuales como comunitarios. Actualmente se espera que el psicoterapeuta desvele los misterios del dolor humano. Esto no es sólo válido para las enfermedades de origen típicamente emocional, como algunas formas de depresión y de psicosis, sino también para enfermedades antes consideradas como etiología puramente física, como el cáncer, los problemas cardiacos y las úlceras.. Los recientes progresos en las investigaciones psicosomáticas y la creciente popularidad del movimiento a favor de la salud integral han colocado al psicoterapeuta en una posición destacada en la batalla contra las aficiones de toda clase.

Como los chamanes ancestrales, a los psicoterapeuta se les concede un lugar privilegiado en nuestra sociedad. Algunas personas consideran el terapeuta un santo, digno de gran respeto y admiración (Guy y Liaboe, 1986ª). En este caso, se recurre al psicoterapeuta en busca de consejo y orientación, como también para obtener la curación del dolor psíquico. Los honorarios se pagan con agradecimiento, y el psicoterapeuta obtiene una elevada posición de prestigio en la comunidad. Se considera “dotado” o “especial”, y constituye un valioso recurso la familia. Por otra parte, algunos consideran al psicoterapeuta como “miembro de un grupo profesional marginal, un portador de malas noticias, alguien a quien consultar sólo en el último recurso, o una persona con poderes casi extrasensoriales que puede traspasar sus defensas a voluntad (Guy y Liaboe. 1986ª, pag. 113). En consecuencia, tanto la comunicación verbal como el contacto visual han de evitarse, y se mira el psicoterapeuta con desconfianza y temor. Dejando aparte las reacciones personales, casi todos consideran que el psicoterapeuta desempeña un rol necesario en nuestra sociedad. No obstante, este papel rara vez es mirado con envidia por lo que respeta su importancia. Tampoco lo atacan los que desconfían de su utilidad.

Resulta interesante observar el modo en que se describe el rol del psicoterapeuta en los medios populares de comunicación. Durante una entrevista telefónica informal con el director de la serie televisiva de la cadena ABC en Hollywood, se identificaron tres fuente de información para determinar qué imagen se da de los psicoterapeutas (Liaboe y Guy, en prensa). Eran éstas: los conceptos personales del productor o el escritor, las consideraciones de los periódicos, revistas y otras publicaciones, y la observación directa con las entrevistas. Como destaca Eber y O’Brien (1982), muchas películas ha retratado el terapeuta y el proceso de la psicoterapia de manera estereotipada. Películas como Ordinary People (1981), Lady in the Dark (1944)., Spellboud (1945), The Mark (1962), Bob & Carol & Ted & Alice (1969), Blume in Love (1973), An Unmarried Woman (1978), David & Lisa (1963), I never Pormised You a Rose garden (1979) y Equus (1977), además de las series televisivas como Bob Newhart, Mash, St, Elsewhere, Cheers, y Growing Pains, crean una cierta imagen pública del terapeuta y de la sesión terapéutica. Casi siempre se presenta el terapeuta como el sabueso incansable que intenta, a menudo por medios nada convencionales, descubrir el único acontecimiento traumático reprimido que subyace bajo el conflicto emocional, a lo que sigue una curación aparentemente instantánea. Aunque entretenido, este modo de presentar las cosas tiende a resultar más bien “simplista” sentimental y novelesco” (Eber y O’Brien, 1982, pag. 120). Describe al psicoterapeuta como el héroe neurótico, y a veces cómico, que casi inadvertidamente lleva a cabo una curación repentina y efectista, provocando la comprensión y deseen cantando los recuerdos del paciente. Faber (1983ª) señala que los medios de comunicación también caricaturizan al psicoterapeuta como a un individuo carente de sentido del humor, controlado, impersonal y egoísta, con patologías personales que superan las de sus pacientes. No obstante, no importa cuál sea la cuestionable autenticidad de tales descripciones, se trasmite al público la idea de que los psicoterapeutas son realmente los chamanes de nuestra sociedad, amado y odiado sola vez, respetados y tenidos, creíble, aunque sospechosos.
Como un chamán contemporáneo, el psicoterapeuta cumple una función necesaria y a menudo vital al aliviar anualmente el dolor y la ficción de millones de individuos. Un estudio National Institute of Mental Health (NIMH) (Seligmann, 1984), reveló que casi el 20% la población norteamericana había recibido un diagnóstico psiquiátrico durante el periodo del último año. Sólo muy pocos ponían en duda que la formación y experiencia la mayoría de los psicoterapeutas eran adecuadas para procurar consuelo y alivio a tales personas.

 Muchos caminos conducen a entender el ejercicio de la psicoterapia. Entre quienes la practican en Estados Unidos, hay aproximadamente 29.000 psiquiatras, 26.000 psicólogos internos, 31.000 asistentes sociales psiquiátricos, 10.000 enfermeras psiquiátricas y más de 10.000 consejeros diversos, poseer o de gran variedad de títulos, entre ellos los de Doctor en Medicina, Doctor en Filosofía, Doctor en Psicología, Doctor en Educación, Licenciado en Trabajo Social, Licenciado en ciencias y Licenciado en Filosofía y Letras (Goldberg, 1986). La formación obligatorio necesaria abarca desde dos años hasta más de ocho, además de varias miles de horas tras la licenciatura de despedidas supervisadas, necesarias para la obtención del título o el reconocimiento estatal. Los psicoterapeuta as en activos siguen una amplia variedad de orientaciones o punto de vista teórico que pueden abarcar desde el modelo cognoscitivos, y breve al psicoanalítico y prolongado. La práctica psicoterapéutica se desarrolla en muchos lugares de trabajo. Las sesiones pueden tener lugar en un consultorio privado, una clínica, un centro consultar o un hospital. El programa de tratamiento se centren pacientes internos o externos. La cinesiterapia pueden dirigirse sólo el paciente individual o incluir también al cónyuge, la familia o grupo de pacientes. El costo la terapia puede afrontarlo por sí solo el paciente, o estar parcial o totalmente cubierto por un seguro, su empleador o un miembro de la familia. De modo más indirecto, los psicoterapeuta también ayudan a los pacientes mediante el teléfono, la televisión, la radio y los libros o materiales impresos. Los psicoterapeuta as ejercen de muchas maneras, en muchos medios diferentes para dispensar asistencia, consejo y alivio de la aflicción. Los requisitos de los programas de estudio necesario para obtener una licenciatura o certificación final fluctúan constantemente a fin de crear psicoterapeuta capaces de afrontar las necesidades cambiantes de una sociedad compleja.

¿Qué tienen en común estos diversos grupos de terapeutas? Lo que es más importante todavía: ¿qué factores han influido en la decisión de ejercer la psicoterapia? El examen de la bibliografía al respecto sugiere que factores inherentes al rol de psicoterapeuta interactúan con una serie de elementos personales para influir en la elección de esta labor.